miércoles, 10 de noviembre de 2010

Detención ilegal y ciertas contradicciones

El viernes pasado fuimos detenidos ilegalmente.
Ocurrió en la Laboral de Gijón, el día 5 de noviembre, entre las 18:00 y las 18:45. Entramos a pie, con nuestras bicicletas en la mano y dimos las buenas tardes al segurata. Una vez dentro, en el inmenso patio, decidimos montar en las bicis, ya que se daban las condiciones para hacerlo sin molestar a nadie y sin interrumpir nada. De pronto escuchamos un silbido: era el segurata para que bajaramos de las bicis. Sin mediar palabra, nos bajamos y seguimos a pie. No habíamos dado ni dos pasos cuando se escucha otro silbido. Se acerca a nosotros y nos dice que salgamos del recinto. Le preguntamos que por qué y nos respondió que porque sí, que no se podía andar en bici y tal. Pues nada, estuvimos un par de minutos más recorriendo el patio a pie, curioseando el lugar, y cuando nos dispusimos a salir nos encontramos las enormes verjas que constituyen la entrada cerradas a cal y canto, con llaves, y cual carceleros, apoyados en los dinteles, dos seguratas. Y gente fuera y dentro, aguardando para entrar o para salir. Forcejeamos con ellos y nada, además llevábamos las bicis. Nada, que nos quedáramos allí, que habían llamado a la policía. Y nosotros sin entender por qué. Les preguntamos y no nos quisieron explicar. Ante esta privación más que gratuita de nuestra libertad, decidimos llamar nosotros también a la policía, no para que nadie nos defendiera, sino para atacarlos también a ellos desde afuera. Desde dentro, ya nos encargamos nosotros de convertirles todo ese rato en un infierno, riéndonos de ellos y ridiculizándolos.  Ante esto, se quejaron de que les faltábamos el respeto, pero claro, no eran nadie para hablar: ¿qué mayor falta de respeto que retenerme por la fuerza en un lugar, y más sin causa que lo justifique por nuestra parte?
Llegó la policía, identificó a las dos partes y sin más, nos fuimos.
Cuando fui a apuntar el número de placa del segurata se la tapó y me la dijo de palabra, hecho ante el cual hasta la misma policía se indignó.

Mi compañero y yo no sabemos si denunciar todo esto. Por un lado, no creemos en  la justicia universal ni en la justicia organizada de nuestra sociedad. Pero por otro, queremos que capullos como estos se lo piensen mejor la próxima vez.

Maderos frustrados que desean dar algún sentido a su vida, o tener su momento de gloria, o sentirse importantes. Nadie es quién para robarnos ni un solo minuto de relativa libertad de nuestra vida, que ya bastante nos la roban cada día con ciertas esclavitudes como el trabajo tal y como está organizado. Tolerancia cero ante los abusos de quien ejerce su poder impunemente y por la fuerza.
No aceptamos que ninguna persona pueda ejercer poder sobre otra, en ningún lugar del mundo y bajo ninguna circunstancia, y aún menos por la fuerza.

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