miércoles, 1 de junio de 2011

Sólo billete de ida

Ya estoy nerviosa. Esto empieza a tomar forma. Aquí está el desvío del que hablaba. Dejo atrás los fantasmas y también todo lo bueno; de por medio pondré todo un océano, el océano que ha rodeado casi toda mi vida, mi Atlántico. Dejo atrás Madrid y sé que para no regresar a esta ciudad que me ha dado tanto: tanto bueno y tanto malo. Aún me quedan cuatro meses, pero lo vivo como si fuera a ser mañana. Disfruto cada momento al máximo. Mi barrio, Entrevías, al que cada día me hago más. Mi trabajo, que me apasiona. Abandonarlo me hará llorar, me entristecerá. Dolerá mucho dejar atrás a tanta gente con nombres y apellidos, con cara, carácter e historia. Gente que me ha acompañado desde una o desde otra posición. Gente que ha depositado toda su confianza en mí, gente muy valiosa. Mis amigos, cada día menos y cada día más dispersos. Mi madre, que me lo ha dado todo y que, siendo ella tan viajera, no comprende del todo mis viajes...y curiosamente teme por mí. Y finalmente, me alejo aún más de mi tierra, de mis pequeñas islitas africanas y preciosas, que siempre llevo en el corazón.
Qué le voy a hacer, si el gusano del nomadismo sigue reptando dentro de mí. Ganas no me faltan de tener un rincón cálido y personalizado por un tiempo, pero no es el momento, algo arde muy fuerte en mis batallantes adentros, en mis hermosos y terribles abismos.

¿La ruta? Probablemente larga y en cierto modo, indefinida. O más bien, incierta. Una ruta por la hermana Latino. Lo único que veo claro a día de hoy es que a principios de octubre me voy para México. De allí, no mucho tiempo después, cogeré un barco que desde el Yucatán me lleve a Cuba. No sé cuánto tiempo estaré en Cuba, país en el que además intentaré realizar una breve estancia profesional, pero sé que el siguiente destino es Honduras, donde hay un remoto plan muy levemente esbozado. De ahí en adelante, ni idea.
Aunque reconozco que la cosa más rara y dispar que me podría suceder es terminar en Canadá, sueño que tengo y que es improbable que se realice en este momento de mi vida...pero no imposible. Reservemos más sueños para el futuro. Pero yo, por si acaso, me llevo mi título incluso traducido al inglés.

En cuanto a mi salud, tras mi estancia en Benín hace dos años, decidí no volver a realizar profilaxis farmacológica de malaria aún cuando esté recomendado. Mi profilaxis (cuando la requiera) será la lógica, el picante, los colores claros y, en las horas oportunas, la ropa larga. Y mi tratamiento, si procediese, altas dosis de Malarone por unos pocos días, por mucho que a mi hígado le pese y, queridos viajeros, ni hablar del Lariam.

¿Dinero? Poco. No me voy con una fortuna, ni mucho menos, aunque sí con algo. Ahí me la juego. Espero que, si se hace necesario, las tareas de una médica (o de lo que se tercie) apasionada sean al menos gratificadas con un plato de comida y un sitito donde dormir.

En fin, que me quedan aún cuatro meses en Madrid y estoy escribiendo como si me marchara mañana. Los que me lean y me conozcan, lo entenderán. Elsita es así, con sus sueños, con sus ilusiones. La mayoría, ahí se quedan...pero alguna progresa. Y ésta es una de las grandes. Una fuerte apuesta. Quienes han estado a mi lado en el último año lo saben. Saben lo que supone, lo que me ha costado saber lo que quiero ahora. Pero sólo yo sé lo que he ganado por dudar, por coger un rumbo inesperado, por postergar la decisión hasta que llegara el momento de poder ver con claridad, por aguantar estoicamente la ansiedad que a veces supone amanecer un día más a oscuras. Por sufrir algún desengaño en el camino.

Y ahora, también sé lo que gano por dejar esto atrás y saltar, saltar muy lejos y no sólo en el mapa.
Es que ya lo dije:




A los que sé que estarán a la vuelta, a esos poquitos, conmigo los voy a llevar, cada día.
A quien se ha apartado de mí, ante mi sorpresa y supongo que con sus razones, también lo llevo, inevitable, pero cada día menos, cada día más borroso, cada día más lejano. Y que así siga.

Me voy, al menos gran parte del camino, con mi amiga, con mi niña, con mi fiera salvaje, con la mujer libre, con mi chiqui, a vivir en el camino. Ella ya está allí. Y sé que uno de los momentos más grandes de mi vida, que será el inicio de todo, que será una explosión de alegría, será cuando nuestras miradas cómplices se crucen en un aeropuerto mexicano.

Este puto insomnio hacía tiempo que no me visitaba. En fin, trataré de narrar parte de mis vivencias superfluas y también de las más hondas durante el tiempo que me queda en Madrid.
Esta vez sí... ¡empieza la cuenta atrás!

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